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Elevadores magnéticos: divirtiéndonos aún en la más tierna infancia 

Desde la niñez hay dos cosas que siempre nos han impactado, ya sea a través de historias que se cuentan o de travesuras que todos hemos practicado. La primera son los relatos de barcos que, por daño de la brújula al acercarse a islas misteriosas o a los polos de la tierra, se pierden en el océano. La segunda incluye esos divertidos momentos que hemos pasado jugando con imanes viejos, cual elevadores magnéticos de los objetos que eran atraídos por ellos. 

La conexión entre ambos fenómenos viene dada por el magnetismo que, además, ha estado presente en nuestras vidas de maneras en las que no somos necesariamente conscientes. Gracias a él podemos percibir la música en los dispositivos electrónicos y enviar señales eléctricas o electrónicas. Esto no sería posible mediante sistemas mecanizados, dadas las altas velocidades que se exigen, las cuales no son factibles de obtener utilizando el movimiento. 

Ese mismo juguete infantil que nos divertía al poner un imán debajo de un trozo de papel o cartón y desplazar pequeños clavos y tachuelas o limaduras de hierro (viéndolas erizarse como si tuvieran frío y dando forma a distintas figuras) se puede potenciar miles de veces. Esto nos conduce, ahora que somos mayores, a alcanzar resultados impresionantes en el traslado de inmensos bultos. 

Entendiendo el magnetismo 

Ésta es una fuerza que tiene origen en el átomo, pero que apreciamos solamente en la interacción física entre los materiales ferrosos. También se puede captar con amplitud en las auroras boreales, aunque en realidad allí no existe referencia histórica; aplicamos los conocimientos que hoy poseemos del sol y su relación con nuestro planeta. 

Una de las aplicaciones prácticas de este fenómeno físico es el izamiento de cargas. Al inducir en una masa de hierro un campo magnético, usando energía eléctrica y una bobina, logramos imantarlo. Entonces, al acercarlo a algún material afín, se adhiere a él, y solo se separa cuando se corta la corriente.  

Es un contacto preciso de iniciar y finalizar, por lo que se ha vuelto muy útil en la industria. Se usa al mover equipos de gran peso, con un imán hecho del tamaño mínimo requerido para la labor que se quiera desarrollar, sin desperdicio alguno. 

En conclusión, este prodigio de la atracción nos permite lograr grandes efectos al usarlo como principio, combinándolo con un equipo mínimamente adecuado, obteniendo lo que deseamos con máxima seguridad y poca intervención humana.